El martes 29 de enero del año en curso, el sociólogo Juan Podestá de la Universidad Arturo Prat de Iquique, presentó en la ciudad de Santiago su libro: “Se sufre, pero se aprende: Reflexiones sociológicas sobre el bolero”. Esta es la presentación que escribió el sociólogo y columnista del nuestro, cl. Bernardo Guerrero.
“Me voy ahora…”
Sociología del bolero, el libro de Podestá
Me voy ahora
para salvar el resto de mi vida
debe existir otro camino otra salida
o voy a enloquecer de tanto amor
Nelson Ned/Ismael Miranda
Escribir sobre el bolero es, aparte de un acto de fe, un ejercicio ético y estético. Me explico. Es lo primero –ético- ya que implica poner en agenda un tema que habita en el imaginario de millones de hombres y de mujeres, pero que no ha provocado en el intelectual, ni en la academia, un debate y menos aún una consideración que pueda ser comparado con un pie de página. Así de simple. Este género musical no ha despertado el interés de las ciencias sociales. Y las razones parecen ser simples. El bolero no es canción de protesta ni nada que se le parezca. Este discurso musical nacido en Cuba, no ha tenido la consideración que otros si lo han tenido. La llamada canción protesta fue objeto de atención, debido a que fue el brazo musical del movimiento revolucionario de los años 60. Atahualpa Yupanqui o Violeta Parra tuvieron más prensa que Agustín Lara o Pedro Flores. Cantar contra las desigualdades económicas y políticas, era mejor visto que cantar a la desigualdad existente entre quien ama y quien no es correspondido. Es cierto la Viola también le cantó al amor, pero lo hizo en clave de folklore.
Al bolero le pasa lo mismo que al fútbol y al tango: se ha convertido en la banda sonora de todo un continente, que halló en él un lenguaje lo suficientemente familiar y exótico a la vez para decir lo que el corazón sentía. Lo que Amado Nervo escribía: “de mis soledades vengo a mis soledades voy” lo cantaba Roberto Cantoral “Por que mi vida se acaba…”. El pueblo cantaba y jugaba a la pelota, pero lo hacía en la sociedad civil: en la fuente de soda, la cantina y en la cancha. El amor no correspondido, la pérdida, la traición, la mala suerte, las diferencias de clases, el amor prohibido, y una larga lista de sombras nada más, sirvieron para estructurar un discurso melodramático que la telenovela más tarde iría a modelar en una narrativa audiovisual. Reciencito el deporte rey, el de Pelé y Maradona, está adquiriendo un lugar en el campo sociológico.
Una sociología del bolero, como el que se va a leer a continuación, requiere un acto de arrojo similar a muchos otros que este género musical canta. Es que se espera que la sociología toque temas serios y que esa seriedad se exprese además en coeficientes y tablas de frecuencia, y de muchas otras reglas estadísticas. Se sobreentiende entonces, que la seriedad es la política dirigida, ya sea a favor o contra del Estado. Una sociología seria es aquella que denuncia las condiciones estructurales de la pobreza. Y es cierto, lo es. Pero también es aquella que dotada de otros instrumentos y de otra sensibilidad logra tender puentes entre el lado público y el lado privado de un continente que canta, baila, ama y sufre. El positivismo sociológico, de derecha y de izquierda, tipificó a esta narrativa musical como una especie de “opio del pueblo”.
Este libro es también un acto estético. Y lo es, porque entra a disputar la hegemonía que las clases dominantes han instalado acerca de aquello que es digno de estudiar y de tratar como tal. Y en ese predicamento la bolerística no tiene cabida. Norbert Elias escribe una sociología de Mozart, y nadie cuestiona la legitimidad de tal acto escritural. Pero pobre de aquel que ose publicar una sociología de Agustín Lara. Los ilustrados deben escribir sobre ilustrados. Menos mal que la literatura y la ensayística Latinoamérica, algo que los de este lado del mapa sabemos hacer muy bien, nos han entregado hermosas páginas. La sociología de Daniel Santos, la escribió el puertorriqueño José Rafael Sánchez.
El bolero posee una estética de forma y de fondo que nadie puede discutir. Narra con prisa y con pasión aquello que puede destruir a un sujeto en un par de minutos. La ceremonia del adiós es breve como un disparo en la sien. Un bolero condensa en tres minutos lo que la vida nos puede deparar. El tiempo del bolero es tiempo real, es tiempo del corazón.
Así como Alberto Domínguez escribió “Perfidia”, Juan Podestá nos entrega bajo su firma y responsabilidad esta sociología del bolero (admitamos que le cuesta al autor asumir que este texto es eso, una sociología del bolero), un libro que entrega luces sobre esas sombras nada más que se instalan en la subjetividad del hombre y de la mujer, cada vez que el ser querido nos deja o se no va (para el caso es lo mismo). Importan las consecuencias.
Hace mucho que veníamos esperando este libro. Desde el “Te odio y te quiero. Las dudas del sujeto popular”, editado por el Centro de Investigación de la Realidad del Norte, Crear, en la década de los 90 (ver y bajar en www.crear.cl/publicaciones/cronica) ya se anunciaba una sociología del bolero en tiempo de 45rpm. Hoy tenemos un 33 1/3, un larga duración, en la que su autor nos deleita con una familiaridad y autoridad en este arte de escuchar y de vincular, de observar y de poner en su lugar, de clasificar y ordenar en diversas claves los discursos musicales de este género. Por que sería un error pensar que este discurso musical es homogéneo y monocorde. No es lo mismo, “Lágrimas Negras” que “Poema”, como tampoco es idéntico “Perfidia” a “Perdón”. Y por esa misma vía, sus intérpretes son tan variados como el paisaje de este continente. “Los Panchos”, Javier Solís, Julio Jaramillo, Lucho Barrios, Antonio Prieto y sin duda, Celia Cruz o Isabel Adams, son diversos y diversas en sus apreciaciones. Si se escucha “Lágrimas Negras” el más universal de todos los boleros, interpretado por Pepe Guerra, Pablo Milanés, Daniel Cardozo, El Cigala, Mayté Martín o la orquesta Irakere, verán de que estamos hablando.
El bolero es una forma más, de las tantas que asume el realismo mágico. Este discurso musical juega con el amor en su forma más exagerada. Por que después de todo, eso es el amor, épica, sangre, sudor, semen, proyectos. La musa del bolero es la mujer encantada a quien se le pide preguntar a Dios, por este amor fiel. La bolerística al igual que la poesía juega a alterar el tiempo, ya sea deteniéndolo o bien apurándolo: “Reloj no marques la horas…”. Si la religiosidad popular es el sustrato de este continente, el bolero también reclama su lugar en esa geografía del alma.
Juan Podestá se maneja bien en estos temas. Tiene años de carrete bolerístico en el cuerpo, y otros tanto de sociología en el alma. Lo que hace en este libro, es borrar esas fronteras artificiales que la modernidad nos impuso como tatuaje en la segunda piel. La unicidad del ser humano es algo que a veces perdemos de vista. Posee la colección de boleros más grande que se puede apreciar. Joyas y joyitas musicales, el mismo tema interpretado por los más variados exponentes. Se sabe las causas y azares que motivaron la confección de tal o cual canción, las dudas terribles que tuvo la María Grever para titular de esa modo y no de otro ese bolero inolvidable que arranca con “Todo dicen que es mentira que te quiero” u que se conoce con el nombre de “Júrame”.
Un solo desacuerdo con esta sociología del bolero. ¡Y era que no! En la antología de las mejores piezas elegidas por Podestá, no está el que a mi juicio es uno de los mejores. Su autor, el brasileño, Nelson Ned, su intérprete, de Puerto Rico, “el niño mimado de la salsa”, buen salsero y como requisito buen bolerista, Ismael Miranda:
Me Voy Ahora
Me voy ahora
y te deseo mil felicidades
vas a gozar de tantas libertades
y así descansaras al fin de mi.
Me voy ahora
vine a buscar mi ropa y mi tristeza
y a ver en tu mirada la certeza
como es la indiferencia que me ve partir.
Me voy ahora
para salvar el resto de mi vida
debe existir otro camino otra salida
o voy a enloquecer de tanto amor.
Me voy ahora
y no me importa el fin que tenga un día
va a ser mejor mucho mejor que esta agonía
que estar aquí muriéndome de amor.
Me voy ahora
pues todo amor que no fue bien cuidado
es igual que un diamante mal cortado
que pierde por completo su valor.
Me voy ahora
y aunque lo dudes no te necesito
de nuevo con placer te lo repito
me voy ahora y todo
se acabó.... se acabó.... se acabó.
¿Tengo o no tengo razón? Lean, gocen y bailen este libro.
Bernardo Guerrero Jiménez
En Iquique, Tarapacá, noviembre de 2007
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