Un violín en la Poza de los Caballos
Impensable por decir lo menos.
Cuando el sol de las cinco de la tarde pega y quema como él sólo sabe, las notas de un violín acallaron el vozarrón de las olas que se suicidaban, una y otra vez, sobre las rocas.
Los cientos de bañistas de uno de los más populares balnearios de Iquique entre mojados y sorprendidos sólo atinaron a ver y escuchar ese instrumento inventado el año 1529.
El jueves 13 de enero del 2000, es la fecha en que Alvaro Pacheco con la seriedad que le caracteriza electrizó a los picorocos, enamoró a las sirenas, despertó a los caballos y de pasó nos hizo más corta la espera para el día 16.
Cinco botellas lanzadas al agua salada, con la oda al mar, sirvió para que Neruda le devolviera al océano lo que él alguna vez le robó.
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